“Lo que no se cuenta no existe. La comunicación es esencial para la repoblación”

Por Antxón Benito

¿Se puede hacer algo aún para fomentar la repoblación de la España vacía? Para personas como Ignacio Razquin, navarro de nacimiento pero soriano por convicción, ésta es casi una pregunta retórica.

Su experiencia de más de 35 años gestionando medios informativos le lleva a defender con vehemencia que todo pasa por la comunicación. “Puedes tener el mejor producto o dar el servicio perfecto pero si nadie lo conoce no servirá para nada. Lo que no se cuenta no existe”.

Esta es la base sobre la que ha construido Inaka Digital, una perla a la que considera “la primera agencia de comunicación para la repoblación”. Se trata de un proyecto con el que ha decidido aportar su granito de arena a la lucha contra la despoblación, una lacra que amenaza con dejar abandonadas muchas tierras con un gran acervo cultural.

Atraer talento a las zonas rurales con comunicación

Así, Inaka Digital se define como una empresa social cuyo objetivo es convertirse en una herramienta de comunicación, sostenible e innovadora que contribuya a visibilizar las oportunidades y los recursos endógenos que existen en la zonas rurales escasamente pobladas de nuestro país.

Sólo de esta manera se podrá atraer el talento emprendedor necesario para generar desarrollo y población en el medio rural”, afirma Razquin a quien le gusta explicar su perspectiva con un ejemplo del pueblo soriano en el que vive desde hace dos décadas, Valdeavellano de Tera.

Mi pueblo tiene 170 habitantes y se encuentra en el corazón del Valle de la Mantequilla, cuya economía gira en torno a la ganadería y el sector servicios. En una esquina del pueblo hay una vaca en cartón piedra que intenta mostrar este carácter a los visitantes. Y muchos se paran a fotografiarse con la vaca.

El problema es que a escasos 10 metros hay un retablo magnífico que pocos pueden apreciar. Primero porque no se da a conocer y, después, porque el recinto está cerrado. Esto es lo que ocurre con la mayor parte de los pueblos de zonas escasamente pobladas: los pueblos no ponen en valor los recursos que tienen. En gran parte porque no saben cómo hacerlo”.

Un equipo profesional e implicado

Inaka Digital nace, por tanto, para enfrentarse al problema de la despoblación. No en vano el proyecto toma su nombre de un término japonés que significa el retorno, la vuelta al origen de los que emprendieron su camino lejos de su lugar de nacimiento.

Un concepto que aportó la periodista Maite García que, después de trabajar para una televisión generalista en Japón ha retornado a Soria y acompaña a Ignacio en Inaka. Porque el promotor de esta iniciativa tiene claro que para llegar lejos es importante contar con un equipo implicado y con capacidad.

Por eso, además de Maite, ha logrado arroparse con el apoyo de los miembros del ecosistema de innovación social de El Hueco en Soria y de Antxon Benito, donostiarra con un pie en Soria fundador de Sharing Brands, una empresa especializada en marketing y comunicación digital. “Es la única manera de lograr que Inaka sea sostenible por sí misma para tratar de generar un impacto social positivo con su actividad”, defiende una de las personas que más empeño está poniendo en encontrar soluciones para repoblar la España vacía.

Aprender a emprender a los 61 años

La repoblación se ha convertido casi en una obsesión en el día a día de Ignacio, que no cree que sea algo que vaya a suceder mañana mismo. “Ni tampoco que pase por generar trabajos industriales. Además, debemos entender que la forma de vivir hoy en día es distinta. No hay por qué vivir en un mismo lugar 24 horas 365 días al año. Se puede combinar el trabajo y la vida mucho mejor en el entorno rural que en las megaciudades”.

Sin embargo, construir un proyecto como Inaka no está al alcance de cualquiera. Ignacio es, a sus 61 años, una suerte de nuevo emprendedor social con un importante bagaje profesional. Aunque entiende que emprender no difiere mucho de lo que ha venido haciendo a lo largo de su vida profesional: “Lo que antes se llamaba buscarse la vida hoy es emprendimiento”.

Eso sí, es gracias a este empeño por levantar una idea complicada que ha logrado ser finalista en las Becas Aquarius Ashoka & Coca-Cola, unos premios para emprendedores sociales de más de 60 años donde ha demostrado tener el carisma suficiente para convencer a profesionales del emprendimiento social del potencial de su manera de ver el mundo.

Porque Ignacio Razquin tiene una experiencia acumulada que le permite defender la necesidad de una buena comunicación. “Algo que no está al alcance de todo el mundo. Porque no todos son capaces de entender el poder de la comunicación. Y de los que lo entienden muchos no tienen las capacidades adecuadas para desarrollarla”.

Hasta llegar a Inaka, la trayectoria de Ignacio Razquin ha estado íntimamente ligada a los medios de comunicación. “Soy navarro y empecé en la redacción de Diario de Navarra. Tras formarme, me convertí en Director de Distribución y Ventas de ese medio durante 15 años”.

Pero un buen día el espíritu emprendedor de Ignacio comenzó a despertarse al aceptar la propuesta de hacer crecer “Soria 7 días” un pequeño periódico que se convirtió en una referencia entre los medios sorianos. Tanto que, posteriormente, fue comprado para integrarse en el Heraldo de Soria. Todo ello con Ignacio a los mandos como Director General demostrando su saber hacer durante cerca de 20 años.

Después llegó la crisis que se llevó por delante muchos puestos en el sector de la prensa, entre ellos el suyo. Fue a partir de ese momento cuando Inaka comenzó a rondar la cabeza de este enérgico “viejoven” que tiene claro que “lo que ha pasado ha sido un cataclismo, un cambio social impresionante. El trabajo por cuenta ajena va a ser cada vez menos y peor”.

Desde Soria a cualquier pueblo de la España Vacía

Pero, ¿qué es concretamente Inaka Digital? Ignacio lo explica de manera clara: “Es un proyecto que pretende ayudar a todos los agentes públicos y privados generadores de desarrollo en el territorio a visibilizar y promocionar fuera de su ámbito territorial las oportunidades y recursos para el emprendimiento. ¿Cómo? De la única manera que sé y en la que me encuentro cómodo: a través de productos de comunicación específicos e innovadores”.

Lo interesante es que Inaka ya es una realidad que ha pasado de la cabeza de Ignacio Razquin a los hechos, dando asistencia técnica para posicionarse mejor tanto en los medios de comunicación tradicionales como en las redes sociales a 3 pequeños municipios de Soria, Vinuesa, San Esteban de Gormaz y Berlanga de Duero.

Pero esto es sólo el principio. El objetivo a medio plazo es que se amplíe gradualmente a cualquier municipio de la llamada “España vacía“. Lo que, además de hacer feliz a Ignacio, sería una gran noticia para estas zonas.

Porque el ímpetu de este emprendedor no va a frenarse hasta cerrar la brecha de comunicación digital que existe en las zonas rurales. Algo en lo que Ignacio está realmente empeñado.

Sólo mejorando las habilidades de la población en el manejo de las redes sociales podremos convertir en agentes activos para la repoblación de sus pueblos tanto a los propios ciudadanos rurales como a los “vinculados”, es decir, aquellos que son los que no viven en los pueblos pero tienen lazos con ellos”, reflexiona en voz alta un Ignacio Razquin que no puede parar de hablar sobre su proyecto y la importancia de estos vinculados.

En agosto da gusto ver todos los pueblos de España llenos. Pero, después, se vacían. Irremediablemente. Por eso, es esencial mantener el lazo con los vinculados. Porque algunos de ellos pueden decidir volver al pueblo si ven que se dan las condiciones para hacerlo”.

Y eso, sólo será posible según Ignacio “si se les informa de manera adecuada y a diario de las oportunidades que se presentan en ese pueblo que, durante el verano, les da la vida y el alma para aguantar el resto del año”.

24 años y una manguera

Por Roberto Ortega

Para escribir estas líneas le pido a Razquin que me refresque la memoria y le pregunto por guasap que cuándo llegó a Soria. La respuesta es que fue el 26 de julio de 1994. Es decir, conozco a Razquin desde hace 24 años.

Me recuerda que ese 26 de julio comimos juntos y luego tomamos un café en La Dehesa. “Fue nuestro primer desencuentro”, teclea en el móvil. Ese desencuentro sigue vigente un cuarto de siglo después. Razquin y yo nos hemos pasado la vida discutiendo sobre la integración de la información no local en los medios de comunicación locales. 24 años después, y sin relación con estas seculares diferencias de opiniones, yo iba a acabar nada menos que regando a Razquin con una manguera (vean el vídeo).

Así que cuando Razquin habla de su paso por ‘Soria 7 Días’ (luego, ‘Heraldo de Soria’) también está hablando de un periodo de mi vida, puesto que trabajamos juntos en el periódico doce años, él cómo director gerente y yo como redactor jefe y subdirector. Fue una etapa feliz, en la que, con Esther Guerrero como directora, hicimos un periódico realmente bueno, líder en ventas en la provincia durante años.

Luego, en 2007 dejé el periódico y, tras unos meses rascándome el ombligo, empecé a trabajar en Cives Mundi y luego en las empresas que fueron surgiendo bajo su paraguas, como El Hueco.

Durante años mi contacto con Razquin fue esporádico y escaso, pero la vida iba a resultarnos cíclica a ambos. De modo que un día de 2014 Razquin había aparcado su coche frente a la fachada de El Hueco y dio la casualidad de que yo estaba fuera.

Le invité a conocer El Hueco. Razquin creía que éramos unos hipis, así que cuando vio cómo trabajábamos y en qué ambiente, no dudó en incorporarse a la familia: se hizo todo un palacete como despacho. Clase siempre ha tenido.

En estos cuatro años ha surgido un nuevo Razquin que a mí me gusta más que el anterior, lo confieso, y que se ha embarcado en un proyecto que, si va como esperamos, va a ser su gran aportación a la comunicación de las zonas con poca población.

Por eso, y porque en el fondo le quiero, es el primero de esta ‘Gente Presura’. Ah, y porque para presentarlo a los premios Aquarius se me ocurrió regarle con una manguera, algo que ni el mejor de los videntes hubiera previsto en nuestra relación.